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jueves, 9 de julio de 2026

El fútbol caudillista


En “El fútbol a sol y sombra”, Eduardo Galeano celebraba al gran jugador latinoamericano como un artista. Europa representaba el orden; América Latina, la imaginación. El diez era el poeta que irrumpía allí donde el libreto del sistema no alcanzaba.

Pero quizá esa lectura pueda llevarse un paso más lejos. Viendo y pensando en este mundial, tal vez el fútbol latinoamericano no solo sea más imaginativo (cosa que puede discutirse). Tal vez sea profundamente caudillista.

No porque produzca más grandes talentos que Europa, sino porque deposita en uno de ellos una responsabilidad desproporcionada. Mientras el fútbol europeo tiende a distribuir las funciones creativas entre varios jugadores, el latinoamericano, históricamente, suele organizarse alrededor de una figura excepcional. El equipo espera que alguien resuelva lo que el sistema no consigue resolver.

Europa forma ciudadanos futbolísticos, incluso máquinas (la Naranja Mecánica es un concepto que jamás nombraría un equipo latino). En cambio, América Latina sigue formando próceres.

Las mayores leyendas del continente ilustran ese fenómeno. Pelé fue el rey de un Brasil cuya identidad ofensiva parecía brotar de él, o por lo menos era su máximo rostro. Diego Maradona llevó esa lógica a su máxima expresión: el Mundial de 1986 permanece en la memoria como la epopeya de un hombre que arrastró a una selección entera. Décadas después, incluso una selección mucho más organizada encontró en Lionel Messi el centro gravitacional de todo su juego y de toda su narrativa.

No es casualidad que el número diez sea casi una institución cultural en Sudamérica. Es el futbolista caudillo.

En cambio, las grandes selecciones europeas suelen aspirar a otra cosa. Alemania, Francia o España pueden tener figuras extraordinarias, pero el objetivo es que el sistema sobreviva incluso cuando esas figuras desaparecen. La creatividad está repartida. El lateral inicia el ataque, el central rompe líneas, el mediocentro organiza, el delantero presiona. La responsabilidad se distribuye. Es un fútbol donde las instituciones pesan más que los héroes, pienso en Van Gaal, y su odio profundo por el individualismo en sus esquemas, por ejemplo. 

El Mundial de 2026 ha ofrecido más de una imagen sugerente de esa diferencia, podría nombrar la actuación de Messi, pero ofreceré otra diferente. 

Paraguay eliminó a Alemania en los dieciseisavos de final tras resistir durante ciento veinte minutos y vencer por penaltis. Alemania, en su sistema, monopolizó la posesión y completó un número abrumador de pases, pero Paraguay aceptó deliberadamente un papel subordinado: defender, esperar y aprovechar una oportunidad. Su victoria no nació del control del partido sino de la convicción de que bastaba una acción decisiva para alterar el desenlace (¿la aparición de un caudillo?).

Días después, frente a Francia, volvió a repetirse el libreto. Francia dominó casi todo el encuentro, mientras Paraguay resistía con una línea baja, reduciendo el juego a una sucesión de duelos individuales y episodios aislados. Solo una jugada desequilibrante de Désiré Doué y el penal convertido por Kylian Mbappé rompieron el empate. Incluso el seleccionador paraguayo sostuvo que Francia no había encontrado respuestas futbolísticas y que la diferencia llegó gracias a una acción individual.

No deja de ser paradójico, que el equipo más institucional terminó dependiendo, por un instante, del gesto de un individuo extraordinario. Pero justamente ahí aparece la diferencia. En Francia, Mbappé resolvió un problema del sistema. En buena parte de América Latina, el sistema pareciera que existe para que aparezca el héroe, y lastimosamente para Paraguay no apareció contra Francia. 

No por nada, el director técnico de Paraguay, Gustavo Alfaro, comentaba contra Alemania que “Todavía tenemos que bailar la música que nos ponen”, o sea, la inferioridad de técnica y de recursos convertida en épica o su posibilidad: esto es lo que hay, y con esto se juega. 

Una expresión graciosa pero diciente que se encontraba en las redes, era que Francia jugaba un partido de (copa) Libertadores, el torneo de clubes de fútbol más importante de Suramérica. Precisamente por el carácter del juego paraguayo, que es bastante común en el torneo. Muy diferente a la “limpieza” del fútbol de Europa. 

Tal vez por eso Galeano veía en la gambeta un acto de libertad. Sin embargo, esa libertad también puede interpretarse como una necesidad histórica. Cuando las instituciones son más débiles, cuando la formación es más desigual, los recursos más escasos, y la historia parece hundir a los pueblos, el talento individual pasa a ser más que un lujo estético y se convierte en una forma de organización, o mejor, una forma de sobrepasar la organización del otro. 

Una lectura ideológica del asunto permitiría ver allí un potencial desperdiciado para la imaginación política de la clase trabajadora. Buena parte del intelectualismo ha tendido a subestimar el fútbol como gusto popular, como si se tratara apenas de evasión, espectáculo o mercancía. Pero en esa cosmovisión futbolística hay algo más complejo: el jugador que logra profesionalizarse experimenta una transformación material casi inimaginable. El barrio, la precariedad y la escasez no desaparecen como origen, pero quedan narrativamente convertidos en prueba de carácter. El futbolista exitoso parece encarnar, mejor que nadie, la vieja promesa individualista: la idea de que alguien puede hacerse a sí mismo, escapar de sus condiciones iniciales y triunfar por talento, disciplina y voluntad. Por eso el fútbol resulta ideológicamente incómodo: nace de una sensibilidad popular, pero muchas veces termina alimentando una épica cercana al relato meritocrático de la derecha.

Tal vez por eso sea inevitable el fenómeno de la utilización de las selección nacional con la política, y la simpatía de los jugadores más exitosos con políticos de discursos nacionalistas. Así como también, quizá el caudillismo político latinoamericano del siglo XXI ya no vista uniforme militar, sino uno de fútbol -a menos que sea caricatura-. Y tal vez, por esas mismas fuerzas, la camiseta sea expresión de un nacionalismo degenerado como pasa en Colombia. 

Mientras, Brasil convoca a un Neymar lesionado, Colombia a dos “10” (James y Quintero), y una Argentina comandada por un Messi casi en retiro. El fútbol latinoamericano conserva una vieja confianza en el hombre providencial. Como tantas veces ha ocurrido en su historia política, espera que una figura excepcional —el artista o el caudillo— haga posible aquello que las instituciones, que el sistema, todavía no consiguen hacer por sí mismas.



martes, 21 de junio de 2022

Gustavo Petro presidente, unos comentarios

La victoria de Petro en las elecciones presidenciales puede catalogarse como históricas, uno porque se convierte en el primer presidente etiquetado de “izquierda”, de la mano Francia Márquez, la primera mujer vicepresidenta afrodescendiente. Como se llega nos dice mucho del contexto colombiano, que pide cambio, pero no convencido del todo del proyecto Petro. 

Lo primero que se destaca es que se registra el porcentaje más alto de participación democrática del país desde las elecciones de 1998 (62.59%) con un 58.09%, y el más alto número de votantes de la historia con 22.658.694 de votantes de 39.002.239 posibles. Donde incluso el candidato perdedor, Rodolfo Hernández (RH), con 10.580.412, supera en votos al, hasta en este entonces, candidato más votado de la historia política colombiana, el saliente presidente Iván Duque (10.398.689).

Petro, por otro lado, se convierte en el presidente con mayor votación que ha tenido el país (11.281.013). Esta victoria, en cuanto a los votos se divide principalmente en dos:

Gana en la “Periferia” del país (los departamentos del Caribe y del Pacífico). A diferencia de las elecciones pasadas (donde pierde en los departamentos del Cesar, Magdalena y Bolívar), Petro gana en todos los departamentos del Caribe y mantiene los departamentos del Pacífico. En casos como en el Valle, no solo se mantiene, sino que aumenta en comparación de 2018, donde sacó 889.289 de votos (51.76%), mientras que en estas elecciones saca 1.310.236 (63.85%). Lo mismo que el Cauca, de 324.640 (65.09%) en 2018 a 515.074 (79.02%) de votos en las presentes elecciones.

En el interior, gana en Bogotá de nuevo y con mayor votación. En 2018 saca 1.889.050 de votos (53.38%), mientras en 2022 saca 2.253.997 (58.58%). Y aumenta la votación en Antioquia, a pesar de perder, de 556.685 (21.85%) en 2018 a 942.005 de votos (33.04%) ahora. 


Con esto en cuenta, tenemos la gran mayoría de los 700 mil votos que el candidato Petro saca de ventaja a RH para consolidar su victoria. Sin embargo, hay algunos elementos que hay que tener en cuenta. 


La votación del castigo

El primero es que, si bien Petro saca una votación histórica, es, al mismo tiempo, el presidente que llega con mayor votación en contra. Con un margen de 3.13% de diferencia entre Petro y RH, no se veía una votación con tan estrecha distancia desde las elecciones de 1994, donde la distancia entre la victoria de Ernesto Samper sobre Andrés Pastrana fue de apenas 2.12%.

RH tuvo una votación impresionante, gracias y a pesar de él mismo. Gracias a su discurso simple de anticorrupción, pudo llegar a calar en gran parte de la población colombiana que todavía comulga con el uribismo, y, al mismo tiempo, quienes sentían que algo debe cambiar, pero no con Petro. Sin embargo, sus contradicciones discursivas, un manejo de campaña que apostó no confrontarse directamente, la ida a Miami, no fue suficiente frente a un Petro que, antes de la segunda vuelta siguió recorriendo el país.

Los votos no necesariamente son solo un apoyo o entendimiento de un proyecto político, sino que también pueden ser un mecanismo sancionatorio.

El apoyo a RH era, por una parte, un rechazo a lo que se cree o se le asocia a Petro, llámese comunismo, castrochavismo, ideología de género (voto conservador y/o uribista y de centro), independientemente si Petro o no comulga con ello, es la idea en sí, sumado a la sobre explotación de su pasado guerrillero. Al mismo tiempo, era un voto a una visión simplificada de lo que mucha de la población colombiana cree es el mal de fondo: la corrupción. 

Con Petro, el voto puede ser leído como una consecuencia de un gobierno Duque que no conectó con la sociedad, en especial el año pasado con el nefasto intento de reforma tributaria, su respuesta violenta y desproporcionada a las protestas, el descontento social en relación a los asesinatos de líderes sociales y el alto nivel de violencia, y el cuestionado manejo de la pandemia. 

Todo esto enmarcado en un contexto de desconfianza en los medios tradicionales y utilización de las redes sociales que mostraba la violencia y abusos de las fuerzas policiacas, e incluso, la visibilización de los heridos y muertos. 


Del optimismo al realismo  

Lo que viene ahora es fundamental. Mantener el optimismo con que llega Petro y al mismo tiempo lidiar con medio país que no está convencido del todo. 

Para ello su mensaje debe ser claro, y al mismo tiempo acompañado de acciones tempranas, nombramientos dentro del gobierno que reflejen seguridad, no solo a los sectores sociales, sino también económicos. 

Por ejemplo, en cuanto a la política energética, en especial lo referente a Ecopetrol, deberá tener un plan preciso y expresarlo claramente. Si bien es cierto que el valor de Ecopetrol en el mercado en los últimos diez años ha caído a un cuarto de su valor, sigue siendo una de las más importantes fuentes de ingresos del país.    

Petro ya no es un “retador”, ahora hace parte del poder ocupando la máxima plaza política de Colombia. Más que nunca necesitará dialogar, negociar, ser claro y pragmático. Es posible que se encuentre en una situación donde sus acompañantes lo tilden de demasiado moderado, y los detractores, como un radical, y en cuatro años no se puede complacer a todos. No podrá cumplir a todos, ni todo lo que dice, y por ello tendrá que elegir que batalla podrá librar, cual puede ganar y en cual puede avanzar. 

Petro llega a un país que, como un estudiante universitario que tiene materias en varios semestres, debe ponerse al día en la segunda década del siglo veintiuno, con todo y sus complejidades, arrastrando problemas del siglo diecinueve y veinte. Elegir, gestionar, planear, como ponerse al día y al mismo tiempo no perder contacto con el presente no solo es necesario, es obligatorio sino queremos perder este siglo.   


Referencias 

Elecciones presidenciales en Colombia, 1994
https://pdba.georgetown.edu/Elecdata/Col/pres94_2.html

Elecciones presidenciales en Colombia, 1998
https://pdba.georgetown.edu/Elecdata/Col/pres98_2.html

Elecciones presidenciales en Colombia, 2018
https://web.archive.org/web/20180528015947/https://presidente2018.registraduria.gov.co/resultados/html/resultados.html

Elecciones presidenciales en Colombia, 2022
https://resultados.registraduria.gov.co/presidente/0/colombia

3 factores para entender las protestas en Colombia y la indignación contra la reforma tributaria
https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-56932013

Con más de 60 masacres en Colombia en 2020, Bachelet pide al Gobierno que proteja a la población de la violencia
https://news.un.org/es/story/2020/12/1485602

"Respuesta social del gobierno colombiano a la pandemia fue insuficiente y tuvo baja cobertura": Merike Blofield, directora del Instituto de Estudios Latinoamericanos del GIGA
http://ieu.unal.edu.co/medios/noticias-del-ieu/item/respuesta-social-del-gobierno-colombiano-a-la-pandemia-fue-insuficiente-y-tuvo-baja-cobertura-merike-blofield-directora-del-instituto-de-estudios-latinoamericanos-del-giga

Los rostros de las víctimas mortales detrás del paro 
https://rutasdelconflicto.com/especiales/victimas-mortales-paro

Market capitalization of Ecopetrol (EC)
https://companiesmarketcap.com/ecopetrol/marketcap/



martes, 30 de octubre de 2018

Verdad, Dios y memoria: algunos comentarios sobre Bolsonaro, Brasil y Latinoamérica

Como todos somos expertos en política, incluyéndome, van mis pensamientos sobre Bolsonaro, Brasil y Latinoamérica.
-La "verdad" no sirve. Esa vaina de la "verdad" solo es para los filósofos, académicos y algunos curiosos. Como pasó en Colombia, la mayoría creyó en las cantidades innumerables de noticias falsas, fake news les dicen, (desde que el candidato opositor era supuestamente violador de niños o que el PT afirmaba que Jesús era travesti), sin siquiera preguntar por la veracidad. Además, el periodismo de los grandes medios, en el mejor de los casos fue tibio al nombrarlo “polémico” y en el peor, lo justificaba. Cuando es claro que ya no se puede hablar de alguien de derecha, sino más bien fascista.
-"Dios" es más útil para los políticos que para los pobres. La idea de Dios es un idea muy poderosa y primitiva en las personas, y por ello es fácil llegar a la gran mayoría con solo invocarlo, con escasa o nula argumentación. Combinada con el punto de arriba, tenemos un coctel perfecto para crear el imaginario de alguien que está en lo correcto (sin argumentar mucho), dando como resultado la elección de la peor de las alternativas para las clases menos favorecidas y la mejor de todas para la élite política-económica del país.
-La memoria es selectiva y manipulable. Si la verdad no sirve y dios es útil para las élites, se pueden resaltar los elementos “positivos” de una dictadura y exagerar los fracasos de una democracia en sano crecimiento. Apelar a un pasado “mejor" es una estrategia básica, y sin embargo, parece estar dando resultados.
-La educación es la clave, pero está fallando miserablemente. Muchas de las universidades brasileñas están siempre en el top de 10 de las universidades de Latinoamérica, pero eso no capitaliza contra las oleadas de "cristianos" pro-fascistas, anti-ciencia, y que hasta desprecian pilares básicos de los derechos humanos (derechos ganados por la colectividad humana con sangre, luchas y lágrimas) que crecen sin cesar. Hay desconexión entre universidades y sociedad (como cosa rara) y la democracia es la principal víctima.
No tengo conclusiones, más bien dudas e incertidumbre. Pero bueno, nunca hemos estado bien, nuestra condición catastrófica como sociedad es la constante. Aunque no tiene que ser así siempre.





jueves, 2 de julio de 2015

El Zahir colombiano

Borges –el inagotable Borges–  escribe en 1947 un cuento titulado El Zahir. En éste explora la terrorífica inquietud sobre qué pasaría si algo –cualquier objeto– se tornara inolvidable.

En el relato se dice que el Zahir: “… en árabe, quiere decir ‘notorio’, ‘visible’; en tal sentido, es uno de los noventa y nueve nombres de Dios; la plebe, en tierras musulmanas, lo dice de ‘los seres o cosas que tienen la terrible virtud de ser inolvidables y cuya imagen acaba por enloquecer a la gente’ ”. El Zahir puede ser cualquier cosa: un tigre o un ciego que fue lapidado por serlo, un astrolabio o una brújula, una veta en el mármol...

El narrador-protagonista, que al igual que en otros cuentos se llama Borges, se encuentra con un zahir representado en una moneda de poco valor. Como esta moneda va ocupando sus pensamientos, su identidad y su ser gradualmente van siendo consumidos.

La idea del zahir es terrible; no obstante, presente, vivencial. Colombia, el país al que muchas veces se acusa de falta de memoria, pareciera que no quisiera olvidar lo que es vivir con la violencia.
Masacre en Colombia (2000), por Fernando Botero


En tiempos en que se cuestiona el Proceso de Paz, cuando los ataques de parte y parte se recrudecen, cuando las vidas de combatientes, civiles, jóvenes, viejos, niños, campesinos, ciudadanos, inocentes, culpables, son consumidas, la creencia, el ambiente, es de resignación a la violencia y en la violencia.

Violencia para restaurar la confianza inversionista. Violencia para acabarla. Para un mejor país. Para negociar. Para alcanzar la paz. Violencia para frenar la violencia. Violencia por violencia. Y en esa acepción, la violencia como el zahir colombiano.

Uno que, como su propia naturaleza lo describe, consume a quien lo guarda. Se hace presencia inolvidable, no dejando camino hacia otras posibilidades, hacia otra existencia. Violencia que se alimenta de sí misma, sin aparente desfallecimiento. Que, como zahir, amenaza con ser lo único perpetuo en nuestra memoria, en nuestra sociedad.


lunes, 19 de enero de 2015

Los cadáveres sin dolientes

(Unmournable bodies)
POR: TEJU COLE

Traducción: Ricardo Tete Mieles.

Cortesía para el blog Días de Furia.

Un molinero norteño de la Italia del siglo dieciséis, conocido como Menocchio, literato, pero no parte de la élite literaria, tenía un conjunto peculiar de dogmas teológicos. Creía que el alma moría junto con el cuerpo, que el mundo se originó de una sustancia caótica, no ex nihilo (1), y que era más importante amar al prójimo que a Dios. Justificaba estas extravagantes creencias basado en los pocos libros que leía, entre ellos el Decamerón, la Biblia, el Corán y Los viajes de Sir John Mandeville, todos en versión traducida. Para su desgracia, Menocchio fue perseguido por la Inquisición en numerosas ocasiones, torturado, y, en 1599, quemado en la hoguera. Fue uno de los miles que enfrentaron tal destino.

Las sociedades occidentales no son, aún ahora, el paraíso de escepticismo y racionalismo que ellas creen que son. Occidente es un espacio multicolor, en el cual la libertad de pensamiento y el discurso estrictamente regulado existen, y en el que la desaprobación de la violencia asesina coexiste con la tortura clandestina. Pero cuando las sociedades occidentales se consideran a sí mismas bajo ataque, el discurso es dominado rápidamente por una fantasía intemporal de serenidad ante el sufrimiento y fortaleza ante la provocación. La historia de Estados Unidos y Europa está todavía fuertemente marcada por los esfuerzos por emplear el discurso de que la persecución de los rebeldes debería estar considerada entre los valores fundamentales de estas sociedades. Quema de brujas, juicios por herejía y el trabajo incansable de la Inquisición dieron forma a Europa, y estas ideas se extendieron a la historia de Estados Unidos y se adaptaron al actuar estadounidense, desde las fugas de esclavos hasta la censura de las críticas a la Operación Libertad Iraquí.

Más de una docena de personas fueron asesinadas esta semana en París. Las víctimas de tales crímenes han sido lamentadas en el mundo entero: eran seres humanos, amados por sus familias y estimados por sus amigos. El miércoles, doce de ellos fueron blanco de hombres armados por ser miembros del semanario satírico francés Charlie Hebdo. Charlie ha sido amenazado con frecuencia por musulmanes y se regocija en violar la prohibición islámica de retratar al Profeta Mahoma. Han hecho más que eso, también, metiéndose con blancos políticos, así como con cristianos y judíos. La publicación dibujó al Padre, Hijo y Espíritu Santo en un trío sexual. Ilustraciones como esta han sido citadas como evidencia del deseo de Charlie Hebdo de burlase de todos. Pero desde hace unos años el magazín se ha enfocado en provocaciones racistas e islamofóbicas, y sus numerosas imágenes anti-islámicas han sido ingeniosamente perversas, presentando árabes con narices aguileñas, coranes baleados, recurrencia en el tema de la sodomía y burlas a las víctimas de una masacre. No siempre es fácil ver la diferencia entre unas agudas críticas hacia una religión y un ataque racista sistemático, pero es necesario intentarlo. Aún Voltaire, un héroe para muchos que ensalzan la libertad de discurso, se equivocó. Su anticlericalismo brillante y valiente puede ser placentero de leer, pero también fue un declarado antisemita, cuyas críticas contra el judaísmo fueron acompañadas de calumnias sobre las características innatas de los judíos.

Los eventos de esta semana tuvieron como telón de fondo la espantosa historia colonial de Francia, la considerable población musulmana y la supresión, en nombre del secularismo, de algunas expresiones culturales islámicas, tales como el hijab. Los negros no la tienen fácil en Charlie Hebdo: una de las caricaturas muestra a la ministra de justicia ChristianeTaubira, quien es origen francoguayanés, como un mono (naturalmente, la defensa de esta violenta imagen racista fue su uso para satirizar el racismo); otra dibuja a Obama con la iconografía Black Sambo (2), típica en los tiempos de JimCrow (3).

En la mañana del jueves, el día después de la masacre, sucedió que yo estaba en París. El titular de Le Figarofue: “LA LIBERTÉ ASSESSINÉE”. Le Parisieny L’Humanitétambién usaron la palabra liberté en sus titulares. Ciertamente, la libertad estaba bajo ataque –como escritor, valoro la libertad para ofender y apoyo ese derecho para otros escritores–pero ¿qué estaba siendo excluido en este marco? Un tono de sincero desconsuelo parece acompañar siempre los ataques terroristas a los centros de poder Occidental. ¿Por qué ellos tienen que traer el horror de la violencia a nuestras sociedades pacíficas? ¿Por qué tienen que matar cuando nosotros no lo hacemos? Un dibujo ampliamente compartido, de LucilleClerc, un lápiz roto que se regenera en dos afilados lápices, fue típico. El mensaje fue claro, así como lo fue con #jesuicharlie; ese que está erigido no solamente en el derecho de las personas de dibujar lo que desean, sino tambiénen que, en la vigilia por los asesinatos, lo que ellos dibujaron debía ser celebrado y diseminado. Por ello, no solo muchas de las imágenes de Charlie Hebdo fueron publicadas y compartidas, sino que el magazín recibió grandes sumas de dinero durante la vigilia por los ataques –unas cien mil libras del Guardian Media Group y trescientos mil dólares de Google–.

Pero es posible defender el derecho al discurso racista y obsceno sin promover o patrocinar el contenido de ese discurso. Es posible aprobar el sacrilegio sin respaldar el racismo. Y es posible considerar inmoral la islamofobia sin desear que sea ilegal. Los momentos de dolor ni nos han quitado nuestra complejidad ni nos absuelven de la responsabilidad de hacer distinciones. La Unión Norteamericana de Libertades Civiles lo entendió bien al defender a un grupo neo-Nazi que, en 1978, buscaba marchar en Skokie, Illinois. Lo tremendamente ofensivo de los marchantes, carentes de cualquier intención violenta, no fue y no debería ser ilegal. Pero ninguna persona racional que defiende los derechos de la Primera Enmienda los utiliza para justificar la ideología nazi. Los caricaturistas de Charlie Hebdo no eran simples agitadores, no eran simples mártires con el derecho a ofender: eran ideólogos. Solo porque se condenan sus brutales asesinatos no significa que debemos consentir su ideología.

Más que plantear que los ataques de París son el momento de la crisis del discurso libre –como muchísimos comentadores han hecho– es necesario entender que el discurso libre y otras expresiones de liberté ya están en crisis en las sociedades occidentales; la crisis no fue desencadenada por tres bandoleros enloquecidos. Estados Unidos, por ejemplo, ha consolidado su tradicional monopolio en la extrema violencia y, en la era de los datos masivos, ha acumulado información sobre la utilización que hace de esta violencia. Hay graves consecuencias para quienes discutan este monopolio. La única persona que está en prisión por el abominable régimen de tortura de la CIA es Jhon Kiriakou, el soplón. Edward Snowden es un prófugo por divulgar información sobre espionaje masivo. Chelsea Manning está purgando una condena de 35 años por su papel en WikiLeaks. Ellos también son blasfemos, pero no han sido valorados universalmente, como sí lo han sido los caricaturistas de Charlie Hebdo.

Los asesinatos en París fueron una terrible afrenta hacia la vida y dignidad humana. La enormidad de estos crímenes nos conmocionará durante mucho tiempo. Pero sugerir que la violencia de los autoproclamados yihadistas es la única amenaza de la libertad de las sociedades occidentales, ignora otros, a menudo más inmediatos y cercanos, peligros. Estados Unidos, Reino Unido y Francia abordan el arte de gobernar desde diferentes perspectivas, pero son aliados de una cierta visión del mundo, y una cosa importante que comparten es una expectativa de que se venere la religión secular de Occidente. Las herejías contra el poder del Estado son monitoreadas y castigadas. En Reino Unido han sido arrestadas personas por hacer comentarios anti-policiales o anti-militares en los medios sociales. El espionaje masivo ha tenido un efecto intimidatorio en el periodismo y la práctica de la ley en Estados Unidos. Mientras tanto, las fuerzas armadas y las agencias de inteligencia de esos países demandan, y generalmente reciben, apoyo incondicional de sus ciudadanos. Cuando cometen tortura o crímenes de guerra, no importa cuán ilegales o depravados sean, hay poca expectativa de que se haga una investigación o acusación a los responsables.

La escala, intensidad y actitud de solidaridad que hemos visto por las víctimas de los asesinatos de París nos alientan como debe ser, mostrándonos qué fácil las sociedades occidentales enfocan el radicalismo islámico como el real, sino el único, enemigo. Este enfoque es parte del consenso sobre los cadáveres que duelen y a menudo nos roban la debida atención a otros casos, actuales, de terribles matanzas alrededor del mundo: raptos y asesinatos en México, cientos de niños (y más de una docena de periodistas) asesinados el año pasado por Israel en Gaza, masacres de la guerra civil en la República Centroafricana, etcétera. Y aun cuando condenamos con justicia a los criminales que dicen actuar en nombre del islam, poco de nuestro dolor se extiende hacia las numerosas víctimas musulmanas en sus ataques, ya sea en Yemen o Nigeria, donde, entre las muchas violaciones a los derechos humanos, el castigo a los periodistas que “insultan el islam” es la flagelación. Puede que no seamos capaces de ocuparnos de cada salvajada que ocurre en cada esquina del mundo, pero deberíamos, al menos, detenernos a considerar cómo es que toda esta corriente de opinión decide rápidamente que ciertas muertes violentas son más significativas y merecen más reconocimiento que otras.

Hoy Francia está de luto y lo estará en las muchas semanas por venir. Nos dolemos por Francia. Deberíamos hacerlo. Pero también es cierto que la violencia de “nuestra” parte continúa sin cesar. Por esta época, en el próximo mes, con toda probabilidad, muchos más “muchachos en edad militar” y muchos otros, así sean muchachas, serán asesinados por los ataques de drones estadounidenses en Paquistán o en cualquier otro lugar. Si los anteriores ataques eran intrascendentes, muchas de esas personas serán inocentes de cualquier delito. Sus muertes serán consideradas como naturales e indiscutibles como las muertes de los Menocchios por la Inquisición. Los que somos escritores no consideraremos que nuestros lápices se rompen por tales asesinatos. Pero esa indiscutibilidad, esa indolencia, es, así como la masacre en París, el claro y presente enemigo de nuestra liberté colectiva.

Notas

(1) Ex nihilo: locución latina traducible por “de la nada” o “desde la nada”.

(2) Little Black Sambo es un libro infantil escrito por Helen Bannerman. En el cuento, un niño indio llamado Sambo planta cara a un grupo de tigres hambrientos. El pequeño tiene que dar sus prendas llenas de color, sus zapatos y su paraguas a cuatro tigres a cambio de que ellos no le coman. Sambo recupera las prendas cuando los celosos y engreídos tigres se persiguen unos a otros alrededor de un árbol hasta que al final acaban en un charco de deliciosa y derretida mantequilla. La historia causó gran sensación entre los niños durante medio siglo, pero poco después pasó a ser bastante polémica debido al uso de la palabra sambo, ya que contenía connotaciones racistas en algunas ciudades. Las ilustraciones también causaron cierta polémica por ser una reminiscencia de la “iconografía negra”.

(3) Las leyes de JimCrow fueron unas leyes estatales y locales en los Estados Unidos promulgadas entre 1876 y 1965, que propugnaban la segregación racial en todas las instalaciones públicas por mandato de iure bajo el lema "separados pero iguales" y se aplicaban a los estadounidenses negros y a otros grupos étnicos no blancos en los Estados Unidos.

Original: http://www.newyorker.com/culture/cultural-comment/unmournable-bodies






jueves, 8 de enero de 2015

5 lecciones sobre la matanza de Charlie Hebdo

Al grano. La situación deja muchas cosas que analizar, pero destaco cinco que encierran gran parte de la situación.

1. La verdadera asesina es una ideología cerrada (fundamentalista).
El asesinato de los periodistas, caricaturistas y policías fue un acto ideológico, uno por parte de un sector del islam que considera toda manifestación de burla, sátira o parodia, una ofensa que debe ser pagada con la vida. El humor siempre será un elemento subversivo frente a lo dogmático, y la ideología arraigada no tiene espacios para estos elementos: su supervivencia depende de su eliminación.

2. Los musulmanes son víctimas también.
El hecho de que uno de los policías asesinados fuera musulmán, además de trágico, resulta ilustrativo. El sentimiento xenófobo se acentúa en Europa y Occidente en general, y millones de musulmanes en el mundo, que no son yihadistas, ni terroristas, sino vecinos, comerciantes, estudiantes, ciudadanos comunes, sentirán el peso de las miradas, de los comentarios, de las trabas burocráticas, el hostigamiento policíaco solo por ser o aparentar ser musulmanes.

Las economías fluctúan y Europa no vive su mejor momento. Los políticos de turno siempre necesitan un chivo expiatorio en momentos de crisis. Y los musulmanes se consolidan como uno atractivo.

3. Los monstruos siempre van a ir por sus creadores.
Blade Runner, esa fantástica y sobrecitada película, nos enseña –si se puede decir que enseña algo – que si creas un monstruo, este va a venir por su creador. Así como Roy Batty, implacable y conmovedor personaje, vino a cargarse a su padre, el extremismo islámico vendrá, cuando pueda, por sus creadores. Y los creadores son Occidente.

Gracias a sus ejércitos, con megatones de democracia y  toneladas libertad, Líbano, Irak, Afganistán, Siria, Egipto, por nombrar, han probado de primera mano lo banal que pueden llegar a ser dichos preceptos.

Se han derribado dictaduras y reemplazado por otras, iguales o más crueles, dejando vacíos de poder. Y por eso, lo que el soldado norteamericano promulga como libertad, no tiene el mismo sentido para el padre, hermano, hijo que ha volado en pedazos.  

4. Unas muertes sí duelen más que otras.
Y  eso incluye a periodistas. Wikileaks, a finales de la década pasada, inundó al mundo con información sobre asesinatos, torturas y abusos por parte de las tropas norteamericanas. Uno de los más impactantes fue el vídeo de unos helicópteros Apaches disparando a civiles desarmados, incluyendo a un periodista, conductor y asistente. No hubo homenajes a ellos. Dolían menos.  ¿Por qué duelen más? ¿Por franceses? ¿Por pasar en una Europa en abierta manifestaciones xenófobas?

5. El ataque fue un golpe a la libertad de expresión… como muchos otros, todos los días.
¿Doloroso? Sí ¿Único? Depende. Si hablamos del lugar, sí. Si hablamos de la ocurrencia y los motivos, no tanto. Centroamérica y Latinoamérica en general son lugares donde el ejercicio de hacer prensa responsable y crítica es peligroso. Muchos periodistas han pagado con su vida o con el exilio, incluso por parte de los Estados que han debido protegerlos.

Nadie parece recordar que sobre Julian Assange, que tiene más de dos años enclaustrado en la embajada de Ecuador en Londres, pesa una orden captura, y corre un peligro real de ser juzgado por traición por el gobierno estadounidense. Al igual que Edward Snowden, quien se atrevió desvelar los secretos más sucios de la política exterior de Estados Unidos.

Y, no obstante, todo al final nos dice que vivimos en una sociedad de pérdidas constantes: vida, libertades, y sensibilidad.


   

domingo, 2 de noviembre de 2014

Las placas y la memoria

Érase una vez un joven que, de la noche a la mañana, había adquirido la extraña habilidad y maldición de recordarlo todo: “Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez y con líneas de la espuma que un remo levantó en el Río Negro la víspera de la acción del Quebracho […] Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero.”

“Funes el Memorioso”, cuento de Jorge Luís Borges, puede ser muchas cosas, entre ellas, un escrito sobre la memoria. Una memoria que, si pudiera recordarlo todo, hasta el más mínimo detalle (sin olvidar nada), acabaría en la imposibilidad de vivir el presente y, de paso, de construir un porvenir.

La memoria y el olvido se hacen caras de una misma moneda: la moneda de la identidad. Diversos autores e intelectuales han tratado la importancia de la memoria en las sociedades. Por ejemplo, para Maurice Halbwachs, la memoria es una función colectiva ante todo. Recordamos algo en cuanto la sociedad en que nos instalamos necesita que sea así.

No obstante, el problema de la memoria y, por ende, de la identidad, incluye lo político:¿Quése elige recordar? ¿Cuáles son los intereses al recordar una cosa y olvidar otra? ¿Quiénes deciden qué se debe recordar y qué olvidar?

El evento en que el alcalde Dionisio Vélez, junto con los príncipes herederos del trono inglés, inaugura una placa conmemorativa que exalta el “valor y sufrimiento de todos los que murieron en combate intentado tomar la ciudad” pone sobre el tapete este delicado tema. Los monumentos y placas conmemorativas, con sus narrativas, son la materialización de la memoria oficial, el discurso oficial que será transmitido a miles de personas que habitan y visitan la ciudad. Bien dice Amaila Signorelli que los monumentos son grandes mediadores en la relación entre ciudad e historia.

¿Qué están mediando este tipo de monumentos? ¿Qué clase de ciudad están  representando? ¿Acaso una que rinde homenaje a sus verdugos europeos y blancos? ¿Qué se deja al olvido?

Y es que lo que se deja de lado, lo innombrable, también deja mucho que desear. Es muy particular que en la placa y el discurso de inauguración estuvieran ausentes los conceptos de “colonialismo” y “esclavismo", y se citara el de “próspero comercio”, como si las relaciones económicas entre la Europa y América Colonial hubiesen sido recíprocas y amigables; como si Cartagena no hubiese sido un puerto negrero al que entraron cientos de miles de personas esclavizadas y salieron las riquezas del “Nuevo Mundo” hacia las arcas europeas.

El tema está servido y hay mucha tela por cortar en la lucha por la memoria: la eliminación de una placa en el Camellón de los Mártires en la que se conmemoraba a mujeres asesinadas en el sitio de Pablo Murillo y el remplazo del escudo republicano por el colonial hacen parte de la problemática de la memoria oficial en estos últimos meses y refleja pugnas de años.  

Los monumentos hacen parte importante en la representación y construcción de la identidad de la ciudad. No pueden ser insertados en el paisaje urbano sin la consulta, sin el debate, sin el consenso de lo que se quiere representar. De lo contrario, estamos ante la arbitrariedad de un uso político particular y excluyente de la memoria de la ciudad.  Como si la exclusión racista, económica y de género no fuera suficiente, se suma la batalla por la memoria.

Quién sabe. Tal vez sea esta lucha en la que se articulen las demás: un uso político y participativo de la memoria adecuado podría desembocar en una reconstrucción de la identidad cartagenera: una en la que el cartagenero no se sienta extraño en su tierra, en la que la violencia discursiva, el negativismo por el futuro y la apropiación de un sentido ciudadano sean los elementos que conformen un presente y mañana prometedor en una ciudad que necesita más que nunca de sus habitantes. 


martes, 8 de abril de 2014

La Hegemonía Centralista

Si algo ha demostrado la lista definitiva de candidatos a la presidencia y vicepresidencia de la República de Colombia es que además de ser mayoritariamente de derecha y masculina, es predominantemente de origen y formación centralista. 

Veamos un breve sumario de los aspirantes en cuanto a su origen y formación: 

Polo Democrático

Clara López Obregón. Nacida en Bogotá, con estudios en la Universidad de los Andes y la Universidad de Harvard. Viene de la familia del presidente Alfonso López Michelsen, también bogotano.

Aída Abella. Es de Sogamoso, Boyacá, y se graduó en la Universidad Nacional de Colombia, en la sede del Distrito Capital. Antes de exiliarse por motivos de seguridad, se desempeñaba en el Concejo de Bogotá. 

Partido Conservador

Marta Lucía Ramírez. Nació en Zipaquirá, Cundinamarca. Estudió en la Universidad Javeriana y la Universidad de los Andes. 

Camilo Gómez. Bogotano. Estudió en la Universidad Javeriana. 

Unidad Nacional

Juan Manuel Santos. Bogotano, pertenece a la familia Santos, la cual ha producido diversidad de políticos y periodistas tales como el presidente Eduardo Santos y su hermano Enrique Santos "Calibán". Hizo parte de la Escuela Naval de Cadetes y realizó estudios de Economía en EUA e Inglaterra.

Germán Vargas Lleras. Al igual que Santos, capitalino. Se graduó de abogado en la Universidad del Rosario y se doctoró en la Universidad Complutense de Madrid. Es nieto del presidente Carlos Lleras Restrepo. 

Partido Alianza Verde

Enrique Peñalosa. Bogotano nacido en Washington D.C. Estudios en EUA y Francia. Fue alcalde de Bogotá. 

Isabel Segovia. Es de Cartagena. Estudió en EUA y Francia. Ha sido Viceministra de Educación.

Centro Democrático

Óscar Iván Zuluaga. Nació en Pensilvania, Caldas. Estudios de bachiller en Bogotá y Universitarios en la Universidad Javeriana. 

Carlos Holmes Trujillo. Vallecaucano, terminó su pregrado en la Universidad del Cauca. Estudios de posgrado en Tokio. Fue alcalde de Cali. 


        
Respecto a los candidatos a la presidencia, la lista es diciente. Cuatro de los cinco postulantes son o están relacionados con Bogotá. La excepción es Zuluaga, el cual es caldense. 

Y eso no es todo: la formación también es sugerente. Tres de los cinco provienen de universidades privadas con un fuerte carácter de élite (la Universidad de los Andes o la Javeriana, por ejemplo); y también tres se han formado exclusiva o parcialmente en universidades extranjeras. En la educación extranjera predomina como destino Estados Unidos.

En cuanto a la vicepresidencia, la cuestión parece más o menos equilibrada. De los cinco candidatos, hay dos bogotanos, una de Boyacá, una de Cartagena y un vallecaucano. 

En la formación, vemos que de todos los candidatos a vicepresidencia, dos vienen de universidades privadas (Javeriana y U. del Rosario); dos, de universidades públicas (U. de Nacional y U. del Cauca), y tres de ellos tienen estudios en el exterior. Ahora, tres de los cinco aspirantes provienen de universidades bogotanas.

Recapitulando: de los diez candidatos a los máximos cargos públicos del país, seis son de origen bogotano, seis provienen de universidades bogotanas y cuatro estudiaron en los Estados Unidos. 

Las cifras son abrumadoras. El origen e instrucción que se observa en los protagonistas de las próximas elecciones son un síntoma del carácter centralista y elitista de nuestro país. Aunque la Constitución afirme que Colombia se plantea como diversa y plural, lo cierto es que las candidaturas presidenciales reflejan una realidad distante de lo que dictan sus leyes. La hegemonía centralista se representa en todo su poder en un tarjetón que se distribuirá a nivel nacional. Ironía de una nación que ve cómo todas las políticas son planteadas desde un centro que no escucha ni presta atención a las necesidades particulares de las regiones, que ven como sus mares son cercenados; sus llanuras, devastadas; y sus selvas, deforestadas.

Mi padre me comentaba que, de niño, cuando vivía en el pueblo (San Cayetano - Bolívar), los adultos les advertían sobre el peligro de que se los llevara "el carro cachaco" si se encontraban cerca a la carretera. En el Caribe, lo "cachacho" denota al sujeto del interior del país y lo que procede del centro. Hoy un "carro cachaco" de la política sigue conduciendo al país en un viaje de pobreza, descuido, inseguridad, desigualdad, contaminación y, en general, negación de una sociedad colombiana tan diversa y, a la vez, tan pasiva.