jueves, 13 de septiembre de 2012

Los poemas que salvaron el mundo

Fueron once años detenidos en Guantánamo, once años en los cuales, la nación abanderada como “el país de la democracia” “de las libertades” y de las “oportunidades”, le negó el derecho democrático, las libertades y oportunidades a Adnan Farhan Abdul Latif.

Latif era uno de los 168 detenidos en Guantánamo sin que su situación esté ligada a las normas internacionales de derechos humanos.

Éste ciudadano yemení fue detenido en la frontera entre Pakistán y Afganistán en 2001, luego en 2002 fue enviado a Guantánamo, su prisión, su pesadilla y su fin. Durante el tiempo que estuvo prisionero, Latif fue torturado de incontables formas, todas ya conocidas.



Pero a pesar de ello, Latif y algunos prisioneros pudieron escribir y sacar a la luz pública una serie de poemas, publicados como Poems From Guantanamo (2007). Un fragmento de “Hunger Strike Poem” de Latif dice:

They are artists of torture,                                                                                              
They are artists of pain and fatigue,
They are artists of insults,
and humiliations.
Where is the world to save us
from torture?
Where is the world to save us
from the fire and the darkness?
Where is the world to save
the hunger strikers?

Traducción:
Ellos son artistas de la tortura,
Ellos son artistas del dolor y la fatiga,
Ellos son artistas de la ofensa,
Y la humillación.
¿Dónde está el mundo para salvarnos de la tortura?
¿Dónde está el mundo para salvarnos del fuego y la oscuridad?
¿Dónde está el mundo para salvar a los huelguistas del hambre?

Estas líneas llenas de dolor tienen el tono de una oración suplicante, un reclamo que no tuvo respuesta. El mundo no llegó a salvar a Latif, murió el 8 de septiembre, a las puertas de unaposible liberación. Él  presentía que no viviría: “he perdido la esperanza de ser liberado”, le comentaba a su abogado, el cual, el único logro ha sido revelar sus poemas al mundo.

El nadie te pudo salvar, Latif, pero con tus acciones salvaste la humanidad de la humanidad, y junto a escritos como el Diario de la niña Ana Frank, se convierten en un testimonio que demuestra que aún en el fin se puede ser humano –y debe ser así –, en un mundo demasiado real para aceptarse.

Death Poem (o Poema de la Muerte) de Jumah al Dossari

Take my blood.
Take my death shroud and
The remnants of my body.
Take photographs of my corpse at the grave, lonely.

Send them to the world,
To the judges and
To the people of conscience,
Send them to the principled men and fair-minded.

And let them bear the guilty burden before the world,
Of this innocent soul.
Let them bear the burden before their children and before history,
Of this soul which has suffered at the hands of the "protector of peace".


Toma mi sangre.
Toma mi sudario de muerto y los restos de mi cuerpo
Toma fotografías de mi cadáver en la tumba, solitariamente.

Envíalas al mundo,
a los jueces,
a las personas de consciencia,
Envíalas a los principios morales del hombre y a la imparcialidad.

Y déjenlos llevar la carga de la culpa ante el mundo,
de ésta alma inocente.
Déjenlos llevar la carga de la culpa ante sus niños y ante la historia,
de ésta alma que ha sufrido en las manos de los "protectores de la paz"

Jumah al Dossari está en confinamiento solitario desde el 2003, ha intentado matarse más de veinte veces.

Imagen: fotografía de prisioneros en Guantánamo privados de sus sentidos: no pueden ver, no pueden escuchar, no pueden tocar con sus manos y no pueden respirar adecuadamente.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Fragmentos de éste siglo

Por Joy Helena Gonzalez Gueto

En éste medio de intelectuales y estudiosos, lo normal es que las personas cuando leen algo que les interesa, tengan la capacidad de recordar, por lo menos, de que se trata y quien es el autor. En el peor de los casos, aunque no recuerden el sentido global de lo leído, tienen una frase aprendida al dedillo situada justo en el borde derecho de la lengua, posición ésta que les permitirá usarla rápidamente cuando de impresionar a los amigos se trate. 

Como no recuerdan al autor, mencionarán dos nombres al azar (preferiblemente europeos. Aunque los más sofisticados pueden valerse de los orientales, impronunciables por demás). La expresión “se me escapa ahora el nombre… no estoy seguro si fue Vikram Seth o Rabindranath” les da un ligero aire de vulnerabilidad que incrementa su capital simbólico. 

Yo casi nunca recuerdo ninguna de las cosas esenciales que hay que recordar de una lectura para poder demostrar en conversaciones posteriores que mantengo un hábito de lectura constante. Supongo que a nadie más en toda la bolita del mundo le pasa tan a menudo algo como esto. 

Uno debería recordar las cosas si ha leído con seriedad. Y es que la gente tiene la enferma creencia de que las lecturas se ven en la forma de hablar. Casi nunca se detienen a ver la manera en que se comporta un lector asiduo. Pongamos un ejemplo para ser más gráficos. Luego de leer el poema "Los árboles" de Eugenio Montejo, la persona quizá no recuerda a Eugenio Montejo, quizá tampoco sea capaz de recitar ni un solo verso de ese poema, pero a partir del momento en que lo leyó tiene la rara costumbre de mirar los árboles con un toque de reverencia en los ojos, que solo los más atentos podrían notar. Acostumbrados a medir el hábito de lectura por el habla, sus compañeros, estudiosos como él de la literatura, recitan el poema de Montejo al ver que su amigo no hace más que ver el gran palo de caucho que está enfrente de la banca donde se encuentran sentados. Él solo sonríe, asiente, y vuelve a su contemplación. 

Ese toque de contemplación reverente en los ojos solo lo da una lectura consciente. Mientras que las citas no necesariamente responden a eso. Una buena fórmula es aprenderse cinco nombres de autores reconocidos y dos no muy conocidos, asegurándose de que en la lista haya, mínimo, un homosexual, una mujer y un negro, así como también alguno que esté vivo. Se aprende la biografía de uno y las frases célebres de los demás, dos títulos de obras y así, se está listo para posar de intelectual y conseguirse a la chica nueva que está sentada al borde de la banca, tiene las piernas cruzadas, un vestido largo y unos lentes de 0.25 con marco rojo.



sábado, 8 de septiembre de 2012

Con prisa

Tenía prisa, por eso no lo vio, y los dos solo se pudieron contemplar en el suelo.

-¿Por qué no te fijas por donde vas, imbécil?
- Lo siento mucho -respondió sin mucho sentimiento en sus palabras.

Se observaron, y uno de ellos dijo:
-Hay personas que si tienen cosas que hacer. Éste día no puede ser peor, ya quiero que se acabe.

El otro se levantó, le dio la mano al responsable de la otra mitad del "accidente", pero fue en vano, lo ignoró, y se puso de pie de muy mala gana.

-No eres consiente de lo que dices. Si tanto deseas que se acabe el día, éstas deseando que el tiempo avance, y con ello la degradación de todo: estas deseando la muerte.


Después de esas palabras, el deseo se hizo realidad.

Imagen: El Ángel de la Muerte, de Evelyn De Morgan (1881)