Mostrando entradas con la etiqueta sueño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sueño. Mostrar todas las entradas

domingo, 2 de noviembre de 2014

Las placas y la memoria

Érase una vez un joven que, de la noche a la mañana, había adquirido la extraña habilidad y maldición de recordarlo todo: “Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez y con líneas de la espuma que un remo levantó en el Río Negro la víspera de la acción del Quebracho […] Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero.”

“Funes el Memorioso”, cuento de Jorge Luís Borges, puede ser muchas cosas, entre ellas, un escrito sobre la memoria. Una memoria que, si pudiera recordarlo todo, hasta el más mínimo detalle (sin olvidar nada), acabaría en la imposibilidad de vivir el presente y, de paso, de construir un porvenir.

La memoria y el olvido se hacen caras de una misma moneda: la moneda de la identidad. Diversos autores e intelectuales han tratado la importancia de la memoria en las sociedades. Por ejemplo, para Maurice Halbwachs, la memoria es una función colectiva ante todo. Recordamos algo en cuanto la sociedad en que nos instalamos necesita que sea así.

No obstante, el problema de la memoria y, por ende, de la identidad, incluye lo político:¿Quése elige recordar? ¿Cuáles son los intereses al recordar una cosa y olvidar otra? ¿Quiénes deciden qué se debe recordar y qué olvidar?

El evento en que el alcalde Dionisio Vélez, junto con los príncipes herederos del trono inglés, inaugura una placa conmemorativa que exalta el “valor y sufrimiento de todos los que murieron en combate intentado tomar la ciudad” pone sobre el tapete este delicado tema. Los monumentos y placas conmemorativas, con sus narrativas, son la materialización de la memoria oficial, el discurso oficial que será transmitido a miles de personas que habitan y visitan la ciudad. Bien dice Amaila Signorelli que los monumentos son grandes mediadores en la relación entre ciudad e historia.

¿Qué están mediando este tipo de monumentos? ¿Qué clase de ciudad están  representando? ¿Acaso una que rinde homenaje a sus verdugos europeos y blancos? ¿Qué se deja al olvido?

Y es que lo que se deja de lado, lo innombrable, también deja mucho que desear. Es muy particular que en la placa y el discurso de inauguración estuvieran ausentes los conceptos de “colonialismo” y “esclavismo", y se citara el de “próspero comercio”, como si las relaciones económicas entre la Europa y América Colonial hubiesen sido recíprocas y amigables; como si Cartagena no hubiese sido un puerto negrero al que entraron cientos de miles de personas esclavizadas y salieron las riquezas del “Nuevo Mundo” hacia las arcas europeas.

El tema está servido y hay mucha tela por cortar en la lucha por la memoria: la eliminación de una placa en el Camellón de los Mártires en la que se conmemoraba a mujeres asesinadas en el sitio de Pablo Murillo y el remplazo del escudo republicano por el colonial hacen parte de la problemática de la memoria oficial en estos últimos meses y refleja pugnas de años.  

Los monumentos hacen parte importante en la representación y construcción de la identidad de la ciudad. No pueden ser insertados en el paisaje urbano sin la consulta, sin el debate, sin el consenso de lo que se quiere representar. De lo contrario, estamos ante la arbitrariedad de un uso político particular y excluyente de la memoria de la ciudad.  Como si la exclusión racista, económica y de género no fuera suficiente, se suma la batalla por la memoria.

Quién sabe. Tal vez sea esta lucha en la que se articulen las demás: un uso político y participativo de la memoria adecuado podría desembocar en una reconstrucción de la identidad cartagenera: una en la que el cartagenero no se sienta extraño en su tierra, en la que la violencia discursiva, el negativismo por el futuro y la apropiación de un sentido ciudadano sean los elementos que conformen un presente y mañana prometedor en una ciudad que necesita más que nunca de sus habitantes. 


martes, 20 de mayo de 2014

Partida

Llegaste.
Nunca me fui.
Tardaste.
Estuve siempre en ti. Por eso estoy.
Abrázame.
No.
Sé que me amas.
Debes dejarme. 
¿Por qué? Tuviste un funeral de película. Todos lloraron, excepto yo, porque sabía que no te habías ido.
No me fui para ti. No me has dejado ir. Déjame ir, por favor.
No quiero.
Tu temor a la soledad debe evaporarse. No tienes opción. Mi sombra te lastima. Me lastima. Nos lastima. La mera existencia basta para destruir al otro.
¿Y si también quiero desaparecer?
Yo no quiero desaparecer. Y tú tampoco. Pero ya no existo, y me retienes. Tú, sin embargo, sigues caminando, sobre nuevos y viejos caminos, por propia decisión. Debe ser así. Adiós. 
¿Te veré de nuevo?

El vacío sólo es otro altar sin culto, esperando en la eternidad ser llenado.




















Camino en Pompeya, Paul Vlaar (2003)


martes, 8 de octubre de 2013

Inmortales

Y su voz pronunció palabras de un lenguaje muerto,

estremeció el espacio y el tiempo,

levantó las almas olvidadas.

Y su voz les ordenó morir.

Su voz los convirtió en inmortales.


















Estatua del templo de Lingyin

miércoles, 14 de agosto de 2013

Una buena noche

En sus infernales y amables ojos ya se reflejaba el fin. Sin embargo, el amable transeúnte simplemente le dio la moneda.

El mendigo -sonriendo- le dijo: "Muchas gracias, morirás mañana. Ten una buena noche".

El transeúnte tuvo la mejor noche de su vida, y una muerte tranquila en la mañana.


















"El Mendigo", de Ernst Rudolf.

viernes, 29 de marzo de 2013

Lo que somos

-¿Qué somos entonces? Pregunté.
-"¿Qué somos?" ¿Y no sabes a estas alturas de la vida? Sencillo:
Una sucesión de acontecimientos errados, de intentos de lucha, de fracasos consecutivos.
-Entonces estoy viviendo plenamente, contesté.
Asintió.














Imagen: El triunfo de la muerte, Pieter Brueghel el Viejo (1562).






domingo, 3 de junio de 2012

2:38 A.M.

Insomnio era una palabra que no significaba nada en especial hasta hace dos semanas, pero el reloj no mentía ¿La causa? El mismo sueño una y otra vez.

Me levanto en un lugar en que nunca he estado, pero me es familiar. Tengo unos ropajes extraños, parecen antiguos, y al ponerme de pie veo el cadáver de un sujeto con armadura. No tengo miedo, es más, extrañamente me siento completo. Luego, a la velocidad de un parpadeo, me encuentro bañado en sangre, en lo que parece ser un campo de batalla: cuerpos por todas partes, sirviendo de festín a buitres y perros salvajes, alegres, despedazando cadáveres, incluso a los que todavía no aceptaban su condición. Observo la mirada de uno de ellos, intenta tocarme. En sus ojos se observa lucha, como la del fuego queriendo ser eterno en una cerilla.

Despierto, sudo, y no reconcilio el sueño. Aún así no deseo que acabe, aun así hay algo más.

sábado, 3 de marzo de 2012

La Torre del Soñador

Incontables lunas habían pasado desde que un ser consciente de su mortalidad pisara la magnífica construcción.

El viejo caballero había vivido la vida de diez hombres para llegar hasta ella: enemigos derrotados, amigos perdidos y cicatrices incurables. 

La Torre del Soñador se imponía en medio del valle. Una vegetación infinita se mezclaba con columnas y muros en ruinas; sus jardines secretos, con estatuas de héroes, reyes y dioses.

Entrar fue extraordinariamente sencillo. Los Creadores le sonreían o ya no les importaba.

Construida en el tiempo en que los antiguos dioses caminaban sobre la tierra, la Torre guardaba el sagrado sepulcro. Extrañamente, el caballero se sintió más liviano, más tranquilo y supo que era aquel el lugar y el momento adecuado.

Entonces recitó las palabras finales de un viejo libro, con una extinta lengua:

-Te daré la vida que el Dios de éstas tierras te negó. Esto ya pasó, y volverá a pasar.

El Caballero cayó al piso, sin vida. El cadáver dejó de soñar, y así comenzó una gesta que acabó e inmortalizó a hombres, naciones y razas enteras.

Imagen: Un Caballero en la encrucijada, de Viktor Vasnetsov (1878).