Este año que viene solo deseo fuerzas para todos, para que puedan seguir, para que sigan furiosamente sus caminos, para que al final del día tengan una buena historia que contar.
lunes, 31 de diciembre de 2012
Algunas consideraciones
Repasando este año, con sus violencias y todo, no puedo decir que somos mejores personas, ni que vamos a aprender, ni mucho menos que el próximo año no cometeremos errores. Colombia, y en especial mi amada y odiada Cartagena, sufre los mismos vicios de siempre. Igual, tampoco se puede entregar a la desesperanza, pues si algo demuestra cada una de las personas que conozco, es que nuestra condición humana nos obliga a seguir. Pienso en la figura de Edipo, quien a pesar de su destino, sigue adelante; sabe que está condenado, pero eso no es lo importante, lo es sus ganas de vivir, de seguir.
sábado, 3 de noviembre de 2012
La ciudad que se suicida
La noción del ciudadano es la del individuo que se reconoce con
derechos y deberes dentro de un área urbana densamente poblada y con servicios
públicos destinados a satisfacer las necesidades de sus pobladores. Ahora, lo
que parece que se presenta en Cartagena es un desconocimiento de los derechos y
una apatía por los deberes. Es decir, la ciudad pareciera que se estuviera suicidando:
pareciera que se aniquilara así misma, se ahogara, se castrara, se mutilara, se
suprimiera y se transformara cada vez más en una ciudad sin ciudadanos.
Un nuevo síntoma de ello son las última decisiones de la
Alcaldía: la prohibición del uso de pólvora, peajes improvisados por
particulares –pero no los peajes de Manga, ni de Mamonal –, lanzar maicena,
aguas, colorantes, espumas, y la negativa a la realización de los Banditos de
San Diego, Las Gaviotas, y La Princesa… es decir, el fin de las Fiestas
Novembrinas tal como las conocemos.
Esta decisión no puede ser más descabellada, más absurda,
más irreal y desconocedora de la tradición festiva del pueblo cartagenero.
Los cartageneros parecemos condenados. Solo hay sitio para
el esparcimiento si es controlado y sí se consume: espacios para centros
comerciales, pero no de parques, o cordones para el despliegue cultural. Y es
que ese lado popular de las Fiestas que no transmite los canales institucionales
(sea RCN o Caracol), es el lado marginado – que paradójicamente es el de la
mayoría de la población cartagenera – pero que por los intereses de las élites se ve
como un espacio que no “produce”, no “vende”, no “cuadra” con las dinámicas de
lo que “debe” ser la ciudad. Por eso se prohíben las diversas manifestaciones
culturales de nuestra ciudad.
Es en ese sentido que la ciudad se suicida porque cierra los
espacios para sus ciudadanos, y si no los hay, no hay ciudad, solo
construcciones para ventas y consumos. Cartagena poco a poco se transforma en
una vitrina plástica, “una tarjeta postal sin alma”.
Entiendo que haya ciudadanos que se preocupen por la inseguridad durante las Fiestas, que parece incrementarse, pero la respuesta no
está en la prohibición de eventos y comportamientos, sino en la inclusión, el
acompañamiento y la educación de la población en las dinámicas festivas que se
conmemoran, una fecha – La Fecha simbólica – precisamente en la que ciudadanos
cartageneros se levantaron contra la tiranía. Estos espacios, con todo y sus contradicciones,
puede ser reconstruidos, transformados para afirmar una identidad Cartagenera,
donde la inclusión se de en todos los estrados, en todas las capas sociales.
Pero, por ahora la nueva tiranía se manifiesta en la
exclusión, poco a poco, del ciudadano en
su ciudad (la privatización de las playas, la conmemoración de eventos
sociales solo en el Centro Histórico, racismo, etc.), conllevando a un suicidio
endémico, que silencia y opaca el espíritu festivo de sus habitantes, y todo
esto sucede porque las élites nos ven como caterva
de vencejos. Ya es hora de ser águilascaudales.
jueves, 13 de septiembre de 2012
Los poemas que salvaron el mundo
Fueron once años detenidos en
Guantánamo, once años en los cuales, la nación abanderada como “el país de la
democracia” “de las libertades” y de las “oportunidades”, le negó el derecho
democrático, las libertades y oportunidades a Adnan Farhan Abdul Latif.
Latif era uno de los 168 detenidos
en Guantánamo sin que su situación esté ligada a las normas internacionales de
derechos humanos.
Éste ciudadano yemení fue detenido
en la frontera entre Pakistán y Afganistán en 2001, luego en 2002 fue enviado a
Guantánamo, su prisión, su pesadilla y su fin. Durante el tiempo que estuvo
prisionero, Latif fue torturado de incontables formas, todas ya conocidas.
Pero a pesar de ello, Latif y
algunos prisioneros pudieron escribir y sacar a la luz pública una serie de
poemas, publicados como Poems From Guantanamo (2007). Un fragmento de “Hunger Strike Poem” de Latif
dice:
They are artists of torture,
They are artists of
pain and fatigue,
They are artists of
insults,
and humiliations.
Where is the world to
save us
from torture?
Where is the world to
save us
from the fire and the
darkness?
Where is the world to
save
the hunger strikers?
Traducción:
Ellos son artistas de la tortura,
Ellos son artistas del dolor y la fatiga,
Ellos son artistas de la ofensa,
Y la humillación.
¿Dónde está el mundo para salvarnos de la tortura?
¿Dónde está el mundo para salvarnos del fuego y la oscuridad?
¿Dónde está el mundo para salvar a los huelguistas del hambre?
Estas líneas llenas de dolor
tienen el tono de una oración suplicante, un reclamo que no tuvo respuesta. El mundo no llegó a salvar a Latif, murió el 8 de septiembre, a las puertas de unaposible liberación. Él presentía que no viviría: “he perdido la esperanza de
ser liberado”, le comentaba a su abogado, el cual, el único logro ha sido
revelar sus poemas al mundo.
El nadie te pudo salvar, Latif,
pero con tus acciones salvaste la humanidad de la humanidad, y junto a escritos
como el Diario de la niña Ana Frank, se convierten en un testimonio que demuestra
que aún en el fin se puede ser humano –y debe ser así –, en un mundo
demasiado real para aceptarse.
Death Poem (o Poema de la Muerte) de Jumah al Dossari
Take my blood.
Take my death shroud and
The remnants of my body.
Take photographs of my corpse at the grave, lonely.
Send them to the world,
To the judges and
To the people of conscience,
Send them to the principled men and fair-minded.
And let them bear the guilty burden before the world,
Of this innocent soul.
Let them bear the burden before their children and before history,
Of this soul which has suffered at the hands of the "protector of peace".
Toma mi sangre.
Toma mi sudario de muerto y los restos de mi cuerpo
Toma fotografías de mi cadáver en la tumba, solitariamente.
Envíalas al mundo,
a los jueces,
a las personas de consciencia,
Envíalas a los principios morales del hombre y a la imparcialidad.
Y déjenlos llevar la carga de la culpa ante el mundo,
de ésta alma inocente.
Déjenlos llevar la carga de la culpa ante sus niños y ante la historia,
de ésta alma que ha sufrido en las manos de los "protectores de la paz"
Jumah al Dossari está en confinamiento solitario desde el 2003, ha intentado matarse más de veinte veces.
Imagen: fotografía de prisioneros en Guantánamo privados de sus sentidos: no pueden ver, no pueden escuchar, no pueden tocar con sus manos y no pueden respirar adecuadamente.
Take my blood.
Take my death shroud and
The remnants of my body.
Take photographs of my corpse at the grave, lonely.
Send them to the world,
To the judges and
To the people of conscience,
Send them to the principled men and fair-minded.
And let them bear the guilty burden before the world,
Of this innocent soul.
Let them bear the burden before their children and before history,
Of this soul which has suffered at the hands of the "protector of peace".
Toma mi sangre.
Toma mi sudario de muerto y los restos de mi cuerpo
Toma fotografías de mi cadáver en la tumba, solitariamente.
Envíalas al mundo,
a los jueces,
a las personas de consciencia,
Envíalas a los principios morales del hombre y a la imparcialidad.
Y déjenlos llevar la carga de la culpa ante el mundo,
de ésta alma inocente.
Déjenlos llevar la carga de la culpa ante sus niños y ante la historia,
de ésta alma que ha sufrido en las manos de los "protectores de la paz"
Jumah al Dossari está en confinamiento solitario desde el 2003, ha intentado matarse más de veinte veces.
Imagen: fotografía de prisioneros en Guantánamo privados de sus sentidos: no pueden ver, no pueden escuchar, no pueden tocar con sus manos y no pueden respirar adecuadamente.
lunes, 10 de septiembre de 2012
Fragmentos de éste siglo
Por Joy Helena Gonzalez Gueto
Ese toque de contemplación reverente en los ojos solo lo da una lectura consciente. Mientras que las citas no necesariamente responden a eso. Una buena fórmula es aprenderse cinco nombres de autores reconocidos y dos no muy conocidos, asegurándose de que en la lista haya, mínimo, un homosexual, una mujer y un negro, así como también alguno que esté vivo. Se aprende la biografía de uno y las frases célebres de los demás, dos títulos de obras y así, se está listo para posar de intelectual y conseguirse a la chica nueva que está sentada al borde de la banca, tiene las piernas cruzadas, un vestido largo y unos lentes de 0.25 con marco rojo.
En éste medio de intelectuales y estudiosos, lo normal es que las personas cuando leen algo que les interesa, tengan la capacidad de recordar, por lo menos, de que se trata y quien es el autor. En el peor de los casos, aunque no recuerden el sentido global de lo leído, tienen una frase aprendida al dedillo situada justo en el borde derecho de la lengua, posición ésta que les permitirá usarla rápidamente cuando de impresionar a los amigos se trate.
Como no
recuerdan al autor, mencionarán dos nombres al azar (preferiblemente europeos.
Aunque los más sofisticados pueden valerse de los orientales, impronunciables
por demás). La expresión “se me escapa ahora el nombre… no estoy seguro si fue
Vikram Seth o Rabindranath” les da un ligero aire de vulnerabilidad que
incrementa su capital simbólico.
Yo casi nunca recuerdo ninguna de las cosas esenciales que hay que recordar de
una lectura para poder demostrar en conversaciones posteriores que mantengo un
hábito de lectura constante. Supongo que a nadie más en toda la bolita del
mundo le pasa tan a menudo algo como esto.
Uno debería recordar las cosas si ha
leído con seriedad. Y es que la gente tiene la enferma creencia de que las
lecturas se ven en la forma de hablar. Casi nunca se detienen a ver la manera
en que se comporta un lector asiduo. Pongamos un ejemplo para ser más gráficos.
Luego de leer el poema "Los árboles" de Eugenio Montejo, la persona quizá no
recuerda a Eugenio Montejo, quizá tampoco sea capaz de recitar ni un solo verso
de ese poema, pero a partir del momento en que lo leyó tiene la rara costumbre
de mirar los árboles con un toque de reverencia en los ojos, que solo los más
atentos podrían notar. Acostumbrados a medir el hábito de lectura por el habla,
sus compañeros, estudiosos como él de la literatura, recitan el poema de
Montejo al ver que su amigo no hace más que ver el gran palo de caucho que está
enfrente de la banca donde se encuentran sentados. Él solo sonríe, asiente, y
vuelve a su contemplación.
Ese toque de contemplación reverente en los ojos solo lo da una lectura consciente. Mientras que las citas no necesariamente responden a eso. Una buena fórmula es aprenderse cinco nombres de autores reconocidos y dos no muy conocidos, asegurándose de que en la lista haya, mínimo, un homosexual, una mujer y un negro, así como también alguno que esté vivo. Se aprende la biografía de uno y las frases célebres de los demás, dos títulos de obras y así, se está listo para posar de intelectual y conseguirse a la chica nueva que está sentada al borde de la banca, tiene las piernas cruzadas, un vestido largo y unos lentes de 0.25 con marco rojo.
sábado, 8 de septiembre de 2012
Con prisa
Tenía prisa, por eso no lo vio, y los dos solo se pudieron contemplar en el suelo.
-¿Por qué no te fijas por donde vas, imbécil?
- Lo siento mucho -respondió sin mucho sentimiento en sus palabras.
Se observaron, y uno de ellos dijo:
-Hay personas que si tienen cosas que hacer. Éste día no puede ser peor, ya quiero que se acabe.
El otro se levantó, le dio la mano al responsable de la otra mitad del "accidente", pero fue en vano, lo ignoró, y se puso de pie de muy mala gana.
-No eres consiente de lo que dices. Si tanto deseas que se acabe el día, éstas deseando que el tiempo avance, y con ello la degradación de todo: estas deseando la muerte.
Después de esas palabras, el deseo se hizo realidad.
Imagen: El Ángel de la Muerte, de Evelyn De Morgan (1881)
-¿Por qué no te fijas por donde vas, imbécil?
- Lo siento mucho -respondió sin mucho sentimiento en sus palabras.
Se observaron, y uno de ellos dijo:
-Hay personas que si tienen cosas que hacer. Éste día no puede ser peor, ya quiero que se acabe.
El otro se levantó, le dio la mano al responsable de la otra mitad del "accidente", pero fue en vano, lo ignoró, y se puso de pie de muy mala gana.
-No eres consiente de lo que dices. Si tanto deseas que se acabe el día, éstas deseando que el tiempo avance, y con ello la degradación de todo: estas deseando la muerte.
Después de esas palabras, el deseo se hizo realidad.
Imagen: El Ángel de la Muerte, de Evelyn De Morgan (1881)
domingo, 29 de julio de 2012
"The Dark Knight Rise": el legado del héroe
Hablar sobre The Dark Knight Rises (2012) de Christopher Nolan es referirse a uno de los filmes de
superhéroes más complejos y mejor elaborados de la historia del cine. Dirección
y producción –que supera la nada despreciable suma de 200 millones de dólares–,
marketing, e incluso los desafortunados eventos ocurridos en el estreno de Colorado,
se constituyen en elementos de su configuración particular. Pero me gustaría
señalar, en este caso, algunos puntos de la trama que me son de especial
atención: en su conjunto forman un laberinto de situaciones y contextos nada
sencillos que el Caballero Oscuro deberá enfrentar para superar su senda
heroica.
Lucha de Clases
Desde que Marx y Engels
expusieran la noción “lucha de clases” en su Materialismo histórico (1859), ésta ha sido uno de los ejes
centrales más debatidos desde diversos sistemas políticos, filosóficos,
económicos y sociales. Pone de manifiesto la existencia de un conflicto, de una
tensión entre diferentes facciones de una sociedad. En The Dark Knight Rise, este conflicto se manifiesta entre las clases
dirigentes y opulentas de Ciudad Gótica y las clases menos favorecidas.
Años de lucha contra el crimen
organizado han hecho de Gótica una ciudad más segura, pero ello no se ha traducido
en una prosperidad para la mayoría de los ciudadanos, pobres y desprotegidos.
Bane (interpretado por Tom Hardy) lo sabe, y forma el grueso de su ejército con
ellos. No es para nada gratuito que haya puesto en jaque a la ciudad él solo. En
realidad, Ciudad Gótica contaba con todas las condiciones ideales para que
alguien como él lo hiciera.
Instituciones Fallidas
“Hay una tormenta acercándose.
Más vale que usted y sus amigos se preparen, porque cuando llegue no van a
entender cómo pensaron que podían vivir así y dejar tan poco para el resto de
nosotros”. Palabras de Selina Kyle (Catwomen)
a Bruce Wayne (Batman), durante una lujosa fiesta. Las instituciones,
ciertamente, han fallado; la confianza de los ciudadanos no se encuentra representada
en el Gobierno; la fuerza pública está infiltrada, y después de la “toma” de
Bane, el Estado abandona la ciudad a su suerte. De hecho, el íntegro detective
John Blake renuncia a la policía, ante el sacrificio de Batman, tan distinto a
las acciones de la fuerza pública, que prohíbe el escape de un grupo de niños
fuera de la ciudad amenazada.
El Enemigo como Maestro
Al igual que Ra´s al Ghul, en Batman Begins (2005), y en cierta medida
el Guasón, en The Dark Knight (2008),
Bane justifica sus acciones como una forma aleccionadora sobre el mundo. Bane
no se ve a sí mismo como un criminal: el dinero, las joyas y el tráfico ilegal
no son su principal interés; son un medio. Desea que su legado, sus enseñanzas,
sean mostradas al mundo. En este caso, el fin de una Ciudad Gótica corrupta, decadente
e injusta, que debe expiar sus “pecados”.
El legado del Héroe
Ocho años han transcurrido desde
que Batman fuera visto por última vez. Encubierta la verdadera causa de la
muerte de Harvey Dent, se aplican leyes más estrictas y eficaces en la lucha
contra el crimen organizado, pero con ello se sacrifica el precio de ciertas
libertades. No hay grandes criminales, pero tampoco una verdadera justicia. En
estas circunstancias, bastante favorables para la destrucción de Ciudad Gótica,
Batman se hace a un lado.
Pero con la aparición del
terrible Bane, Bruce Wayne (y Batman) es forzado a salir. Más viejo, en mal
estado físico y mental, no tiene la misma convicción de la victoria que antes: es
derrotado en un primer enfrentamiento debajo de la urbe, en el sistema de
alcantarillado. Y sólo cuando se dé cuenta de que su legado, la ciudad por la
que sus padres y seres queridos sacrificaron todo, podrá volver con mayor
voluntad. Porque, en palabras de Ra´s al Ghul, “la voluntad lo es todo”.
Un héroe como Batman, mitad play boy, mitad
vigilante nocturno, no puede sobrevivir durante mucho tiempo. Cuando se es
Batman, tarde o temprano se pagarán las consecuencias en todas las formas:
físicas (cicatrices, lesiones, huesos rotos), mentales (agotamiento, traumas,)
y emocionales (culpa, aislamiento, baja autoestima). El precio es muy alto; se
le exige el sacrifico total: salud, fortuna, familiares (incluso el
incondicional Alfred lo abandona), identidad
– ¿o verdadera máscara? – y su vida. Más tarde vendrá el reconocimiento, la
apoteosis: su legado es su obra.
Y aunque su estatua en
la Oficina central del Departamento de Policía intente convertirlo en símbolo
Institucional, lo cierto es que Batman siempre actuó por fuera de la “Ley”. La aparición final
de John Blake como Robin nos sitúa ante la necesidad de un ser que esté más allá de la instituciones,
un incorruptible vigilante, que, arropado en la oscuridad, vele por un futuro
amanecer. Así el legado de Batman continuará: la imagen de modelo a seguir que
esté más allá de los juicios del día, que tenga la convicción de hacer lo
necesario cuando se requiera y que esté dispuesto a pagar el precio que ello
implica. Uno que, dentro de sus limitaciones, demuestre que podemos convertirnos
en mejores seres humanos.
jueves, 5 de julio de 2012
Eres mía, solo mía
No conocí a Angélica Gutiérrez Marín.
Nunca había escuchado de ella: no había razones. Sólo después de su muerte supe
que era conocida de personas conocidas, de un vecino, de una tía, de un primo (
a veces se nos olvida que en Cartagena estamos más relacionados de lo que lo
creemos).
El caso es que el aberrante ataque a
Angélica –que la llevó a la muerte horas después– movió a gran parte de la
sociedad cartagenera a clamar por la captura del responsable: Diego Piñeres,
que luego resultó llamarse Jhon Jairo Echenique, y más tarde, ser un
desmovilizado de las FARC.
Nos rasgamos las vestiduras cuando
estos acontecimientos suceden. Palabras de indignación, acompañamiento
multitudinario en sepelios, manifestaciones de protesta en contra de la
violencia contra la mujer; pero las políticas, comportamientos, o acciones para
detener éste tipo de conductas, quedan siempre a medias.
Quedan a medias porque, aunque hay
progresos en materia jurídica, la violencia no disminuye. A pesar de que la
actitud generalizada en la población sea de condena o de golpes de pecho, nos
lavamos las manos. “¿Por qué sucede esto?”, “¡Fueron ellos!”, “No
fue mi culpa, ni su culpa, ni nuestra culpa”,
“Esto no tiene explicación” “¡Estaba loco!”, “¡Estaba enfermo!”.
Pero en Colombia todos estamos locos y
enfermos –unos más que otros–, y lo estamos porque vivimos en un país
acostumbrado a la sangre. Todos los días hay violencia por violencia. No
necesitamos excusas; casi cualquier pretexto es bueno para explotar contra
algo, contra alguien.
Esta vez la tragedia le tocó a Angélica. La excusa:
la demostración más extrema de una de las posiciones más permisivas de nuestra
sociedad: el machismo. Esa manera de pensar sobre la mujer como extensión del
hombre, como propiedad. Machismo presente en la forma de hablar en casa o en el
trabajo, de mirar, de “amar”, porque hoy lloramos a Angélica, pero mañana
seguiremos cantando a todo pulmón “El dilema”, de Silvestre: Y la
quiero tanto que cuando me besa se me va la vida […] sólo quiero
hacerla mía, más mía, sólo mía.”
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